La figura de María, madre de Jesús, es una de las más complejas y ricas de la religión cristiana. Se trata de una religión que ha moldeado la moralidad de nuestra sociedad y que ha servido de coartada y justificación para el modelo patriarcal impuesto durante tantos siglos. Pero como siempre, hay grietas en los muros más firmes, y la maternidad no pudo ser omitida de la vida de Jesús, ni pudo ser menospreciada en la cotidianidad de la cristiandad porque era fundamental también en el día a día de las comunidades cristianas. Es, tal vez, la figura de María y toda su significación un resquicio del culto a la maternidad. Así, aunque su presencia en los evangelios oficiales es escasa y, en cierto modo, menospreciada, el culto a María, fue muy importante desde las primeras manifestaciones conocidas. Muestra de ello es el precioso evangelio apócrifo, popular durante el primer cristianismo, conocido como el evangelio de María, en el que esta mujer es la protagonista absoluta, por encima del propio hijo de dios.
Entre las representaciones que tuvieron más éxito entre la cristiandad fue las de la María embarazada. En el renacimiento italiano, la llamada Madonna del Parto llegó a alcanzar una gran popularidad. Las grandes barrigas de mujeres serenas que esperan se convirtieron en imágenes que las clases populares de la Toscana y de muchos otros lugares observaban sin sorpresa en los muros de sus iglesias.
Pero esas rendijas de visibilidad de la maternidad tienen su punto final en un momento muy concreto: La celebración del Concilio de Trento. Un conjunto de hombres se reunieron en el siglo XV, a lo largo de casi 20 años en la ciudad italiana de Trento. La hegemonía moral del catolicismo había sido puesta en duda por Martín Lutero, entre otros, y con ello se tambalearon las jerarquías que hasta ese momento habían regulado las formas de vivir y de pensar en toda la Europa Occidental. La respuesta que se intentó dar en ese Concilio es lo que se ha venido a llamar Contrareforma. La traducción en la vida de todos aquellos que vivían en países católicos fue una presión mucho más alta sobre la vida cotidinana. Se quisieron atar corto los signos de identidad del catolicismo. Los resquicios de libertad se acabaron. Empezaron a funcionar instituciones tan funestas como la Inquisición. El engranaje moral fue bastante efectivo, pues aún hoy en día es posible notar parte de sus consecuencias. En lo que respecta a la representación de la Virgen Embarazada su declive empezó el año 1563, en la 25º sesión del Concilio, cuando se concluyó que, “no se pinten ni adornen las imágenes con hermosura escandalosa”. Fue una censura velada y no directa. A partir de ese momento, fue necesario que el arte trasmitiera, en forma directa y simple, la idea de dolor, la humillación y sufrimiento de Cristo, de cientos de santos y mártires. Se quería desterrar las representaciones donde se acercara a la carnalidad y la naturaleza humana para hacer un tipo de iconografía mucho más simbólica (Ronchi, 2000: 31-33). Al no haber una censura directa, sino una celebración diversa de los símbolos, las imágenes de las Vírgenes embarazadas simplemente fueron desapareciendo poco a poco, dejaron de mostrarse. La consecuencia fue la eliminación de la imagen del embarazo femenino del espacio público. De allí a considerar el embarazo un momento impúdico sólo había un paso……..
Continuará el próximo jueves….
Capítulos anteriores:
.- La mujer la medida de todas las cosas


…/De allí a considerar el embarazo un momento impúdico sólo había un paso…/ que estaban más que dispuestos a dar. O algo así espero de lo que publiqueis el próximo jueves.
El paso lo dieron en su día, por ejemplo, las compañías aéreas que exigían (y creo que algunas aún exigen) un certificado de exención de responsabilidades a a cualquier embarazada que tomase un vuelo.
Por otro lado, la iconografía religiosa siempre a dado lugar a la expresión de prejuicios y supersticiones más o menos totémicas. Así las características de las las vírgenes y los cristos, rubios y de pelos lacios de hippy, o la exposición inmoderada de vísceras cardíacas más o menos sagradas.
Quizá soy un poco antiguo pero aún venero la maternal venus de Willendorf…
La iconografía religiosa ha sido un instrumento ideológico de primer orden. Totalmente de acuerdo…no es casualidad que Jesús se represente rubio y bien blanquito, en plan WAPS total…
Lo que había dibujado en las paredes de la iglesia enseñaba a una población mayoritariamente analfabeta como mirar el mundo, lo que estaba bien y lo que no..así que el hecho que hubiera o no una mujer embarazada en esas paredes tenía vital importancia. Esta imagen acabó por desaparecer gracias a los preceptos del Concilio de Trento y, por lo tanto, desapareció de todo el imaginario de los países católicos.
Sobre venerar a la señora Willendorf, muy maja por cierto, no sé si es antiguo o muy moderno!! 😉
No tengo idea de cómo continuará vuestro artículo el próximo jueves, pero de lo que no tengo duda es de que se terminó considerando el embarazo un momento, no sé si impúdico, pero sí impuro… de hecho, de ahí viene la palabra embarazada… aquella persona que se encuetra en una situación embarazosa.
De hecho, todos los que tenemos más de 40 años no encontramos a nuestras madres en las fotos de nuestros bautizos. Según me comentó la mía, porque durante la cuarentena no se podía asistir a la Iglesia por no estar totalmente “purificada” y como entonces nos bautizaban muy pequeños, todas estaban en plena cuarentena cuando llegama el momento; yo tengo 45 y mi madre no sale en la foto del mío… No hace tanto tiempo.
Pues si Imma. No salían ni en las fotos de los bautizos ni en muchas otras, porque no estaban bonitas embarazadas…así continuará parte de esta historia.
En Cusco, Perú, el célebre ceramista Mendívil creó una María lactando al niño. Creo que la iglesia católica no reparó en este hecho o lo miró de costado.