¿Cuántos litros de mocos habrá visto un pediatra a lo largo de su carrera profesional? ¿Cuántas velas chorreantes habrá tenido que limpiar un educador en su vida? Y esos mocos, que por abundantes, pueden parecer superfluos o poco importantes son los desvelos de cualquier madre, son nuestro universo.
Para una madre los mocos de su hijo son sagrados y nos postramos devotas frente a quien sea capaz de aliviarlos. Veneramos a quien enseñe a nuestros hijos a sonarse y guardar su pañuelo en el bolsillo de su baby…
No sé si pediatras y educadores sienten así la relación con las madres, de agradecimiento y casi veneración, pero en mi día a día, intento que la pediatra y las profesoras de mi hijos, hagan equipo con nosotros y tratemos a mis hijos como individuos aislados, como personas específicas, con necesidades concretas, más allá del sistema establecido, de protocolos, de la crisis y los malditos recortes.
Mi hijos son para mí el centro de mi vida, y educadores y pediatras, pilares fundamentales para su bienestar. Por eso PediaTIC me pareció una gran idea, y animada por las palabras de Jesús Martinez, que me incitaba a escribir sobre qué tenía que decirle una madre a pediatras y a educadores, me planteo escribir este post, aportando lo más importante que he aprendido como madre, lo que me ha hecho ser mejor persona, mejor amiga, mejor compañera, e incluso mejor profesional.
Ahí va. Como el mítico programa de televisión: Lo que necesitas es AMOR. Aplicando el amor en todos los actos de nuestra vida seremos capaces de mejorar nuestra empatía, nuestra capacidad de comprensión, nuestro talante, incluso nuestra eficacia, porque con amor todo sale mejor, con amor la vida es mejor.
Parece sencillo, pero a veces no lo es. Cuando tu hijo se niega por decimoquinta vez a lavarse los dientes, y son las nueve menos cinco, te cierran la puerta del cole, y ya vas tarde a trabajar… poner amor ahí es difícil. Y no digamos cuando tu jefe te pide no-sé-qué-leches y tú estás a tope con mil cosas… poner ahí amor es casi imposible.
Pues para mí esa es la clave, llamadme ñoña – o treintañera dominada por la oxitocina de madre en periodo de lactancia – pero con unas gotitas de amor en todo lo que hacemos las cosas se ven diferentes.
Esas sencillas 4 letras son la mejor lección que he podido aprender como madre. Lo único que puedo hacer es compartirlas con vosotros.


Genial post Begoña, me han gustado mucho tus palabras!
No soy mammá, ni educadora, ni pediatra pero amo a los niños. Sé que su desarrollo físico, cognitivo, emocional depende de que cuente con adultos que se relacionen con ellos lo hagan amorosamente y desde el amor, sin él no hay empatía, no hay capacidad de comprensión ni respeto por los procesos naturales.
Nuevamente felicidades por tu post y también a Jesús por este espacio lleno de sensibilidad y sabiduría. Gracias por estar ahí!
Hola Yolanda, gracias por tu comentario. La verdad es que ser madre es lo más difícil que he hecho nunca, y donde más dudas tengo. Pero si algo sé es que nada puede salir mal si hay amor y, con esa única filosofía, es con la que me muevo en este resbaladizo terreno que es la crianza y la educación.
Un beso.
Begoña
Yo siempre lo digo, el AMOR es la mejor terapia del mundo. Lo has expresado de maravilla.
Un beso.
El amor mueve montañas, y si mueve montañas, arrastrará litros y litros de mocos. Genial post amiga mía, en esto de la crianza la comprensión, la empatía y el respeto hacia el niño y entre los adultos que rodean al niño son las claves de la crianza de hoy y del éxito del mañana de nuestros hijos. Un beso.
Soy Miguel, si, un hombre! Que bonitas vuestras palabras y que llenas de VERDAD de la buena….como decìs, algo tan sencillo, pero que mueve montañas….ójala y el mundo se moviese por estas simples verdades, por este verdadero ABCdario de lo simple y lo sencillo, y nuestros hijos lo aprendiesen de una vez por todas, entonces desaparecería el miedo y ellos, y todos seriamos mucho màs felices. Seguid así!!! Sois unas madres excelentes…