Cuando alguien abre un blog y escribe su primer artículo adquiere un compromiso consigo mismo y con el mundo, esto puede sonar muy exagerado, pero todos cuando empezamos en esto, en nuestra primera entrada, en nuestro primer post, en nuestra primera aparición en público, intentamos poner lo mejor de nosotros.
Cuando alguien decide iniciar un proyecto suele ser porque le rebosan las ideas y tiene que plasmarlas para ir haciendo sitio, o bien porque que creemos haber tenido una idea genial que tendríamos que compartir o que nos hará famosos.
El primer post es muy importante, los inicios de un blog suelen ser prolíficos y geniales, primeros desahogos de cada uno, como si de un adolescente se tratara serán atropellados, pasionales, vitales, frescos y verdaderos. Luego vendrán los artículos de la madurez, más sesudos y asentados, más diligentes, más viscerales quizás o tal vez más comprometidos, o menos.
Si el blog es de éxito, de esos que enganchan, habrá pasado por todas las etapas, desde su infancia a su madurez, con todo tipo de altibajos, sublimes y cagadas, iluminados y apagados, mediocres o más mediocres, pero sobre todo tendrá unos primeros artículos donde el autor expuso su parto inicial, donde vomito lo más preciado que tenía para intentar enganchar a un mundo expectante o simplemente para volcar sus pensamientos acumulados.
Cuando un lector decide entrar en un blog porque alguien se lo recomendó, o porque le llegó un enlace de algún “following” tuitero o de una amistad del facebook, este investigador suele quedarse a leer el artículo en cuestión y si le engancha buscará el anterior y si le ha parecido sublime accederá a dos o tres más, pero olvidará por sistema acudir a los primeros artículos de la bitácora recientemente descubierta.
Si realmente queremos conocer a un bloguer, o disfrutar de una publicación de autor, indaguemos en sus primeros partos, busquemos cuales eran las motivaciones para salir a la luz y descubriremos al progenitor real de ese artículo que nos ha fascinado. Descubriremos la esencia de ese cuaderno de ruta de alguien que desde su teclado vuelca su persona en un proyecto que nos ha llegado.
Y nosotros, después de un tiempo alimentando a la bestia, ¿recordamos lo que escribimos aquel primer día? si, recordamos que tuvo pocas visitas, la de los amigos y un despistado que iba buscando otra cosa, pero ¿qué poníamos?¿lo volveríamos a poner ahora? Somos lo que queríamos ser un año después, o dos, o tres lo que sea. ¿como hemos cambiado? ¿como ha cambiado ese desconocido y ahora amigo al que seguimos?.
Os invito a que seleccionéis un blog, sólo uno, de todo ese montón que seguís en el Reader, o en Flipboard, o en el agregador que utilicéis, acceder a él como siempre, pero hoy buscar en el almacén de archivos y navegad a los primeros. ¿qué dicen?
Pediatic.com está empezando su andadura, no os perdais sus primeros artículos, suelen ser los más reales, luego vendrá la ciencia y la sabiduría, la esperanza y polémica, el debate o el silencio, pero los primeros siempre, siempre, siempre serán……los primeros.


Te leo y digo sí, es cierto, pero rápido me asalta el resquemor es como si los del medio, los últimos artículos se sintiesen entristecidos ¿Qué hay de dejar atrás miedo al sentido del ridículo, a no saber lo suficiente, a estremecerte al pensar en miradas totalmente desconocidas sobre pequeños jirones de alma? Todo eso se consigue letra a letra, muchos días de buceo en las tripas del blog…
En mi caso el primero fue casi engendrado en la inconsciencia más absoluta, al poco me vinieron las dudas, las responsabilidades, el peso del compromiso… incluso pasé por la etapa del “perezón descomunal”, eso de parir un post cada semana hasta para mi que no callo ni debajo del agua, agota.
Aún así, ya lo he confesado en público muchas veces, yo ya no sé vivir sin mi blog y los primeros tienen el calor de la ingenuidad y la pasión, claro que sí Jesús.
Gracias por hacerme volver la vista atrás ¡Un abrazo1
[…] El primer artículo de un blog […]
[…] Palabras que de alguna forma conllevan también su toque de atención y de llamada a seguir actuando conforme a la responsabilidad que nos motivó a iniciar este camino… […]