Los adolescentes en la consulta son algo que da un cierto respeto, parece que no sabemos muy bien si tratarlos como adultos o como niños. Muchas veces por inercia y costumbre nos dirigimos a los padres cuando aparecen por el centro, aunque no deberíamos olvidar nunca que nuestros pacientes son esos jóvenes que tanto miedo nos dan.
Realmente vienen muy poco, ¡incluso demasiado poco! Y no deberíamos desaprovechar las pocas oportunidades que nos dan para ganarnos su confianza. Tener a un adolescente como paciente nos dará una gran oportunidad para poder tratar temas que son vitales para su normal desarrollo, tanto física como emocionalmente. Toda la prevención de conductas de riesgo, educación para la salud, etc. sólo servirá de algo si el joven confía en nosotros y no nos percibe como una extensión de sus padres. Del mismo modo, el hecho de que él tenga alguien a quien consultar y comentarle sus inquietudes con total confianza nos servirá de puerta de entrada a un mundo que se tiene un poco olvidado, tanto desde pediatría como desde medicina de familia. No olvidemos que son ellos los que catalogamos como “nativos digitales”, y a través del boca a boca y diferentes redes sociales comentarán lo que pase en nuestra consulta, si salen contentos, lo dirán, y volverán, muchas veces con algún amigo al que su equipo de pediatría no le inspira demasiada confianza, igual que si no les gusta lo que hagamos, no vendrá ni un solo adolescente más por el centro.
Os explicaré el caso de “Luisa”, una joven que a sus 15 años apareció por mi consulta por un “dolor de espalda” que tras un rato de conversación acabó con una prueba de embarazo positiva.
– “Me duele la espalda”, fue su consulta.
Tras un breve interrogatorio le dije:
– “Puede ser mecánico, haz algo de reposo y si no mejora vuelve.
Pero algo no cuadraba, “Luisa” no se levantaba de la silla y su cara decía algo más…, ella no había venido por un dolor de espalda, pero no sabía como decirme lo que le pasaba. Ese sexto sentido que nos da la consulta, el trato con la gente la delataba…
– “¿Me quieres decir algo más…?”
– “Bueno, si… es que… no me vino la regla”
Y ahí empiezan los miedos de muchos profesionales: ¡Menor de edad, sola en la consulta y posiblemente embarazada!, ¿Y ahora que? Pues lo primero era confirmar ese posible embarazo. Actuaremos de una manera u otra dependiendo del resultado. En el caso de “Luisa” dio positivo, estaba embarazada. Tratándose de una joven de 15 años, dependerá de nuestra actitud el hecho de que vuelva a la consulta o no lo haga nunca más, y todos estaremos de acuerdo en que es de gran importancia no perder el contacto con ella. Cuando tratamos con adolescentes hemos de huir de actitudes paternalistas, acuden a nosotros como profesionales en quienes confían, y no hemos de tirar por tierra esa confianza que nos hemos ganado tras años de trabajo. No hemos de olvidar que nuestros pacientes son los niños, no sus padres. Trabajaremos con el niño la forma de hablar con sus padres, pero hay que evitar a toda costa el ser nosotros los que llamemos a los padres. “Luisa” volvió, y no solo una vez más, estuvimos hablando de su futuro, de lo que ella quería y como lo podíamos hablar con sus tutores, incluso la acompañé a su primera cita con la ginecóloga para explicarle lo que había pasado y en esa ocasión decidió que no iba a tener al bebé. Desde el equipo de atención primaria estuvimos a su lado, acompañándola en todo el proceso y a la hora de hablar con sus tutores, ayudándola en todo lo que pudimos pero sin juzgar nunca si estaba bien o mal lo que había pasado. Gracias a la confianza que “Luisa” depositó en nosotros pudimos trabajar el embarazo, el aborto y al cabo de un tiempo, las causas que llevaron a “Luisa” a la situación que la trajo al centro. A parte de explicar que es un preservativo, las enfermedades de transmisión sexual… cosas que ya saben, es mucho más importante trabajar la autoestima, el saber controlar las situaciones, la presión del grupo y estar preparados para cuándo llega el momento de parar para “enfundar” sean capaces de controlarse y estén preparados para decir NO si no hay protección a mano.
El papel de la enfermera en Atención Primaria es el de la educación y la prevención, y debería asumir el rol de eje vertebrador de la salud de los usuarios, la coordinación y puesta en marcha de los recursos disponibles para mantener la salud en todo su sentido bio-psico-social desde su formación humanística integral.
Enlaces de interés:
www.sexejoves.gencat.cat
https://www.youtube.com/watch?v=VjJRRZpdbUg


Hace un par de años que yo acompaño a mi hija mayor a las consultas médicas por petición suya aunque intento acudir como espectadora y no como participante de la consulta.
Creo que a ella le da seguridad que yo esté presente porque es cierto que uno de los miedos de los adolescentes es que se les juzgue.
Afortunadamente ella deposita en mí toda su confianza y habla conmigo de sus inquietudes y espera siempre mi consejo, pero hay temas en que yo estoy limitada por falta de conocimientos.
En nuestro caso, afortudamente, siempre hemos topado con grandes profesionales que han resuelto todas las dudas que ella ha expuesto con total libertad.
Gran reflexión.
Gracias por el comentario. Sois unas grandes afortunadas, tanto tu hija, al poder contar contigo, como tu, que gozas de su confianza. ¡Seguid así!
Saludos
Hola Israel, como enfermera de familia, corroboro tú artículo. Cuando tengo adolescentes acompañados en consulta, les pregunto prefieren que su madre/padre esperen un poco fuera. Nunca un padre se ha negado y la relación que se ha establecido con el adolescente se fortalece extraordinariamente. Luego, incluso pasado 1 año, han vuelto solos para compartir miedos, preguntas, dudas …. Una gozada.
Gracias Israel
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