Al recibir la invitación de Jesús para escribir en el estreno de PediaTIC, imbuida como estoy en el proyecto que llevamos a cabo en la escuela y con la mejor de las voluntades escribí sobre colaboración.
Jesús me leyó y no quedó contento. Zaherida por el feedback hice lo que suelo en estos casos, reconstruir la situación, algo se me había perdido entre sus deseos y mi percepción.
El desajuste no quedó en anécdota, fue la llamada a las musas para esta nueva publicación, Jesús y su alter ego, Manolo. De lo que sentimos a lo que expresamos ¿nos legalizamos la ternura?
No os voy a contar las andanzas de Manolo 2.0, lo hizo muy bien su creador. Sí quiero contaros el porqué desde el momento mismo de su nacimiento me encandiló y con hebra fina tejió lazos sólidos en mi corazón lector.
La importancia del personaje no era que tuviera mocos o gastroenteritis, sin duda de su malestar aprendíamos todos, pobrecito, pero no, la importancia de este pequeño no era que te enfrentase al mundo infantil desde el desconcierto brillante de la mirada de un niño. La importancia de la criatura de Jesús no era que hiciese aflorar sentimientos soterrados o que te metiese en su mismísima piel identificándote con situaciones deliciosamente retratadas.
Lo importante es que sus vivencias transmitían el afecto en el trato. Jesús quiere a su criatura y Manolo surfea todas sus vicisitudes acompañado por adultos que dominan el lenguaje del afecto. Manolo es pura pedagogía de la ternura.
Desde que ando por las aguas de la red me son cercanas muchas experiencias de crianza y educación y es recurrente la falta de armonía que demostramos los educadores, ya seamos padres o docentes, entre lo que queremos para los niños, lo que decimos a los niños y lo que hacemos con los niños.
Los deseamos equilibrados, conscientes y hábiles en el manejo de sus sentimientos, autónomos, con criterio para discernir entre el bien y el mal, lo adecuado y lo que no lo es. Los ansiamos generosos, solidarios, sensibles al dolor ajeno, empáticos, considerados. Necesitamos pensar que son y se sentirán felices.
Y a poco que sepas de Matemáticas se revela que los términos de la fórmula que empleamos para lograrlo no mantienen la igualdad, casi haría falta un elixir para que funcionara. No porque nos falte buena intención, sin duda queremos lo mejor para nuestros hijos. Tampoco nos falla el sentimiento grande donde los haya, el amor.
¿Y entonces dónde está el quiz de la técnica? ¿Información, ingenio?
La clave la tiene Manolo.
Si cuando llora un niño puedes sentir la paz necesaria para transmitirla, si cuando no come la comprensión te invade y no le anulas las pocas ganas que tiene, si cuando pega o muerde eres capaz de no soliviantarte y con manto de afecto tienes arresto para ponerte a su lado y ayudar a identificar sus sentimientos, si cuando se equivoca no te ves a ti mismo y a tus deseos y una mirada cálida le devuelve la sonrisa. Si cuando sufre tu sentido del humor es capaz de hacer puenting entre la adversidad y la capacidad para superarla, si cuando fracasa reinventas para devolverle la confianza… estás muy cerca de un hombre o una mujer que en el futuro será fuerte, amable y capaz.
Todo eso nos lo contó Manolo, mirándonos a los ojos, desde el corazón.
En este artículo de estreno, con la Navidad en puertas, un recuerdo emocionado para alguien que supo trasladar la pedagogía de la ternura y el afecto, Manolo 2.0 en vídeo resumen que se elaboró para el aniversario de su progenitor.
Muchas gracias y mucha suerte, pediaTIC.


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