Vivimos, leemos y disfrutamos de una gran explosión blogosférica y en redes sociales sobre maternidad. Los blogs de madres, afortunadamente inundan cualquier publicación digital. Nunca la lactancia y crianza tomó tanto protagonismo social y mediático.
Que una diva de la canción decida tener a su bebé por cesárea puede suponer toda una convulsión en las redes sociales, por lo de mal ejemplo que supone para los interesados en el embarazo, parto y lactancia natural. Muchas portadas, artículos y debates se pueden ver a diario donde la lactancia y crianza está pasando a un primer plano. El amor materno filial y el buen hacer con los hijos lo inunda todo hasta el fanatismo. Términos como colecho, porteo, lactivismo, amor maternal y dedicación absoluta son trending topic en cualquier búsqueda en la red. Una voz disonante o un método excesivamente conductista puede provocar un amargo debate donde haya que dilucidar si se es mejor madre por hacer esto o lo otro o si eres un pediatra cavernícola por avalar la tesis.
Como pediatra, no podría ser de otra forma, estoy muy a favor de la lactancia materna y de su promoción. También de dar la mayor autonomía a los pequeños y me gusta hacerlos grandes cuanto antes sacándolos de debajo de las faldas de su madre. Jamás se me ocurriría culpar a una madre por tomar una decisión libremente a favor de una u otra actitud. Puedo hablar de lo que hicimos en mi casa con mis hijos, nada más.
Pero no es ese el tema que me trae hoy aquí, sirva solo de introducción para fijar posiciones y recordar que la realidad es diferente, a veces tanto amor de madre nos embelesa y al llegar a consulta nos arroja a la cara la brutal realidad del día a día. En un mar de maternidades estresadas por el trabajo multihorario, por la poca o nula conciliación laboral existente en nuestro país, por las todavía escasas aportaciones paternas a la faena, nos lleva a la conclusión de que desgraciadamente la feliz blogosfera maternal a día de hoy es una honrosa excepción. La generalidad se mueve en un querer y no poder, en un sentimiento de malestar por desear dar una felicidad que se le resiste a si misma.
Y para irnos al otro lado de la balanza nos topamos con el llamado bebe no deseado, no entro en el maltrato punible, sino en la situación cotidiana de no amar a tu hijo o hija. Una situación que se detecta en consulta por la palabra, pero sobre todo por el lenguaje no verbal con los chicos, desprecios, medicalización porque no se soporta la situación, desatenciones, pequeños accidentes, castigos a destiempo, etc. No conforman a un maltratador sino a un progenitor al que le cayó mal el regalo o no tenía el instinto tan repartido como pudiera parecer.
A propósito de un caso, el que me hace reflexionar estas cosas, es una paciente que se podría catalogar de alterada, pero no psiquiátrica porque todavía no ha pasado la línea roja. Aparentemente su vida es normal, vive en un barrio residencial de Madrid en un chalet adosado, trabaja, lleva su casa con decoro, sus vecinos hablan muy bien de ella, pareja poco implicada pero es que trabaja muchas horas, tres niños, el primero lo tuvo muy joven con otra pareja que nunca más se supo de el. Este, el mayor de los tres, es un niño enfermizo, siempre está malo, con sus 6 años ha pasado más de 15 veces por urgencias desde que nació el hermano pequeño, hace 5 meses. Tres neumonías no muy claras, siempre está con diarrea, ha perdido mucho peso, no come, un esguince de tobillo y una brecha en la ceja. De sus múltiples visitas al centro de salud y sobre todo a urgencias ha cosechado un arsenal de medicinas que asegura tomar religiosamente. Múltiples análisis, radiografías, ingresos hospitalarios y pruebas de todo tipo llevan al mismo diagnóstico, al niño no le pasa nada.
Ha cambiado de médico varias veces y visitado todos los hospitales de la zona, nadie da con lo que le pasa al niño, ha buscado en Internet, consultado on-line y gastado dinero en médicos privados, cada uno aporta sus remedios que aumentan el armario de las medicinas y pruebas diagnosticas pero nadie consigue dar con la solución. Es una madre al borde de la locura.
Pero algo no cuadra, todo empezó cuando nació la benjamina deseada, el mayor que apareció de penalti es un estorbo y será eliminado si la psiquiatría no lo impide, es un cuadro que llamamos sindrome de Munchausen la madre se ha convertido en el ogro, el peor enemigo de su hijo vive en casa.
Sé que es un caso extremo, pero ¿no os trae a la memoria esa madre que visteis el otro día?¿Esos síntomas que no sois capaces de explicaros en aquel niño? A diario podemos apreciar distorsiones de lo que debiera ser.
Yo en cuanto cierro la consulta me voy a las redes sociales, es una realidad que me gusta más.


Cierto, real y frecuente, por desgracia. Para mi, el error está en pintarlo todo demasiado bonito y en dar voz a tantos predicadores convencidos de tener la única y exclusiva verdad absoluta sobre la maternidad. Creo, sinceramente, que hay mucha falta de respeto en eso. Enhorabuena por el post.
Al parecer es una creencia muy extendida que el instinto maternal está presente en todas las mujeres, pero nadie habla de que en realidad no es así y que algunas mujeres se dan cuenta de su inexistencia cuando tienen hijos y para entonces es irreversible la situación.
Pues no puedo estar más de acuerdo.Mis primeras semanas de postparto fueron horribles porque yodo el mundo decía que los dolores se pasaban al ver a tu bebé y yo seguía sufriendo y prefería que el padre jugara con ella y yo pudiera descansar.Lo pasé fatal. Pero luego la gente que te lo pintaba todo taaaan bonito me decía uy tu postparto no es nada el mio fue peor.se te qurda cara de poquer.
madres hay de todas clases…pero a veces tambien nps emperramos en que a los niños les pasan cosas fisicas cuando a lo mejor son situaciones como explicas en tu ejemplo.
No estoy de acuerdo con que tener un hijo no deseado implique necesariamente un rechazo hacia ese hijo… no son pocos los casos de mujeres que han tenido hijos que han venido de penalty y adoran a sus hijos por encima de todo.
Desde mi punto de vista el rechazo hacia un hijo puede producirse por otros factores, aunque no soy una especialista.
En el ejemplo que nos pones, sin ir más lejos, a mí me da la sensación de que se trata más del recuerdo de una relación traumática para la madre que el hecho de no haber deseado a ese hijo.
Ese hijo es el reflejo del fracaso de su madre con su anterior pareja y quizás ahí esté la raíz del problema.
Está claro que muchas madres pueden sufrir un desequilibrio emocional que puede repercutir en el trato a sus hijos, sean estos deseados o no…
mi hija fue no esperada pero muy deseada por mi pero fue no deseada para su padre, finalmente su papá y yo nos separamos pero yo la amé y la sigo amando con locura.. no soy la madre paciencia y puro amor todo el tiempo pero hago lo mejor que puedo por enseñarle a ser buena mujer y darle lo mejor de mí, gracias a Dios yo no veo en mi hija los malos recuerdos que tengo por el fracaso con su padre.