Un buen día, la vida te premia con un hijo. te asaltan mil dudas y no sabes si serás capaz de hacerlo bien. Y lo eres, vaya si lo eres. El tiempo pasa y disfrutas de muchos buenos momentos; otros los sufres, claro, pero se te olvidan. Casi siempre.
Cuando quieres darte cuenta habéis sacado adelante a aquél frágil bebé al que os daba miedo hasta coger en brazos; se ha convertido en una adolescente. Permitidme que haga esta reflexión desde el punto de vista de mamá con hijas; además, provengo de una familia de cuatro hermanas así que desconozco el punto de vista de una familia con hijos varones que seguro, será diferente.
Pues como os decía, de repente (porque, aunque parezca mentira, es de repente), tu hija ha crecido y casi es una mujer. Y digo bien, casi, porque desde tu punto de vista, siempre será una niña.
Y llega el día… ese día que no te esperas en que te dice: “Mamá, tengo que contarte una cosa”; y tú, que siempre eres toda oídos cuando quiere contarte algo, le prestas toda tu atención: “Mamá, tengo novio”.
En ese momento, ves un flash deslumbrante y por tu cabeza empiezan a pasar imágenes de la vida de tu hija que has vivido en primera persona; la ves en tus brazos, en su cuna, gateando, caminando por primera vez, su primer cumple, el primer día de cole, cuando estuvo en el hospital tan pachucha, la primera vez en que le permitiste salir sola con las amigas…; casi te dan ganas de mirar el calendario y te preguntas ¿Pero cuándo ha crecido tánto?
Pero una vez pasada la primera impresión, te fijas en ella y la ves con los ojos brillantes y con una sonrisa de oreja a oreja y eres consciente de su ilusión… ya te ha atrapado y no puedes dejar pasar la oportunidad de compartir ese momento con ella.
Es cierto que te asaltan muchos temores porque con los tiempos que nos está tocando vivir, es muy común que haya mujeres que hipotecan su vida por entusiasmarse con el hombre equivocado, pero no te queda más remedio que confiar en su criterio y permanecer como atenta espectadora dispuesta a actuar a la menor sospecha de que algo pueda ir mal.
Ella empieza a contarte y tú a hacerle preguntas del tipo ¿Quién es? ¿Le conozco? ¿Es de tu edad? ¿Dónde vive? ¿Estudia contigo?… y según va avanzado con los detalles vas viendo su entusiasmo, su ilusión, su felicidad… Ains!!! ¡¡¡Es tan joven!!!
Y entonces te suelta su petición: “Mamá, a papá díselo tú que no sé cómo se lo va a tomar.”
Hala!! Otro marroncito que me aporta mi cargo de madre; además, está exagerando.Su padre es una persona joven y moderna… ¿Pues cómo se lo va a tomar? ¡Bien!,
¿O no?
Empiezas a imaginar que no se lo va a tomar tan bien cuando un día cualquiera, llega a casa y la niña sale a recibirle como cuando era pequeña; él simula una especie de llave de judo que la derriba al suelo y comienza a hacerde pedorretas en la tripa como cuando jugaban a “Peleítas”.
Tú, por si acaso, esperas un momento en el que esté de buen humor para soltarle el regalito y le dices como quien no quiere la cosa: Cariño, la niña tiene novio…
Notas que la cosa no va a ser tan sencilla cuando responde: “¿Qué niña?…”
Pues hijo mío, de las dos que tienes, la mayor…
Define novio…
No, definitivamente no va a ser tan fácil. Intuyes que definir novio como “amigo con derecho a roce” no le va a hacer ninguna gracia, así que tú, en otro alarde de inocencia tiras de la definición de la RAE para que le quede claro: “Persona que mantiene relaciones amorosas con con fines matrimoniales”…; según terminas la definición te das cuenta de la tontería que acabas de cometer.
¡Qué bobada! No tiene edad para eso.
Tú también eres de la opinión de que es un poco jovencita y que debería divertirse un poco antes, pero sabes que poco se puede hacer al respecto, así que te pones del lado de tu hija y de ahí no te mueve ni un terremoto de 7,6 en la escala de Richter.
¡Qué poquito te acuerdas de cuando tú y yo nos hicimos novios, hijo mío!
¿Qué edad teníamos?
21…
Pues que espere hasta entonces…
¡Hala! Se acabó la conversación…
Van pasando los días y las semanas y la niña (que hay que reconocer que es más lista que el hambre), va provocando pequeños encuentros con nosotros mientras pasea con su chico, en alguna cafetería, en algún parque, en el supermercado… En fín, que lo va introduciendo poco a poco hasta que llega el día en que me pide permiso para traerlo a la barbacoa que se celebra en nuestra casa un sábado por la noche, en que nos reunimos con unos amigos.
¡Permiso concedido!
Y allí se presenta la niña con su chico al que a partir de ahora pasamos a denominar Mangarrián, que es el nombre que le ha puesto mi contrario, cuya familia tiene cierta tendencia a poner nombrecitos a las parejas de su descendencia porque, de hecho, yo siempre he sido y seré La Garduña; bonito nombre puesto por mi suegra y que hace referencia a un animalejo pelín feo.
Lo cierto es que durante la barbacoa todo transcurre con normalidad; bueno, con normalidad relativa porque de vez en cuando noto como el padre de la niña, lanza unas miradas al Mangarrián que dan la sensación de quererle transmitir vía telepática algo así como: “mucho cuidado chavalote que tengo en el garaje unas tijeras de podar de tamaño considerable.”
Después de que cada uno se fuera a su casa y dado que habíamos conocido un poco mejor al Mangarrián, le digo a mi marido: “Pues a mí me parece muy majo y ¿a ti?”
Mira nena, yo esto no lo veo… no lo veo…
Pues nada, que el tiempo ha seguido pasando y la niña sigue saliendo con el Mangarrián. Lo cierto, es que el chico es un encanto, muy buena persona y, sobretodo, utilizando una frase de nuestras abuelas, que a mí me encanta, “bebe los vientos” por ella.
Mi hija ha sabido perfectamente cómo ir introduciéndolo en casa, como quien no quiere la cosa y lo cierto es que, después de casi dos años, casi forma parte de nuestra familia.
Es posible, después de todo, que no lo estemos haciendo del todo mal…
Yo creo que mi contrario nunca se va a hacer a la idea de que nuestras niñas crecerán y conocerán muchos Mangarrianes, pero yo sigo intentando que lo lleve lo mejor posible.
El, mientras, sigue con su mantra: “Yo esto no lo veo… ¡es que no lo veo…!”


Qué bueno Inma ¡¡¡ Estos papis y sus hijas …. solo les falta la escopeta¡¡
Un lujo tu artículo, de nuevo. Gracias por plasmar de una forma tan real y dinámica estas verdades del crecimiento de nuestros hijos.
¡Cuanta razón!Supongo que los padres se lo toman peor con las niñas quizás por el hecho de las consecuencias que puede tener en las niñas o porque sus amigos siempre han sido chicos y saben como hablan o tratan a las mujeres.Pero como dices, no hay otra que aguantar porque contra más trabas peor ya que es mejor saber las cosas que no que te las vayan ocultando!Felicidades!!Además lo importante es que ella sea feliz!
Jajajajaaja, que bueno Inma!!
Me ha encantado!! Y si que tiene que ser difícil, yo imagino a mi padre. Me tocará verlo con lado masculino y poder decir que “todas son unas lagartas” (apelativo cariñoso donde los haya y en el cual un día a mi también me incluyeron 😀 ), pero claro no es nada agradable que tu peque, ese que te abraza tanto y tanto, que me cubre de besos, de repente se los de a esa chica que para el es la mejor, y pero que ¡Tú eres su madre! 😀
Enhorabuena por el artículo Inma, y Feliz Día del Padre para el suegro del Mangarrián!
Jjajajaja. Muy bueno. Cuando me quedé embaraza de mi hija mayor, que ahora tiene tres años, su padre todo empeñado en que no podía ser niña…. porque ya se imaginaba la escena cuando llegase anunciando que tenía novio…. en fin, con eso lo digo todo.
Buenísimo Inma, me ha encantado, a nuestro papi le va a dar un pasmo cuando dentro de unos años (no tantos como él quisiera) su “peque” le traiga un “amigo especial”. Besitos.
Jejejejeje, que bien explicado, me imagino cantidad de familias en la misma situacion, aunque yo de verdad que pense que hoy se vivia con mas naturalidad. Pero como siempre me has arrancado hasta una carcajada imaginando el momento. Felicidades al papa hoy en su dia…
Buenísimo, simplemente buenísimo. La verdad que me ha recordado a mí misma, quiero decir, cuando yo fui quien introduje a quien ahora es mi marido en mi propia familia… Y desde luego, no he podido reprimirme en compartir el artículo con mi prima, con dos niñas que, aunque todavía son pequeñas… ya apuntan maneras jajaja
Los míos serán Mangarrianes, así que les iré instruyendo por si les toca un casi suegro como tu contrario jajaja
Enhorabuena por el artículo.
Muy bien. Y bien escrito.
Pero, desde este lado del cromosoma: ¿se plantea igual decir el niño tiene novia?
Lagartas o no, a los chicos el machismo imperante les deja mucho más margen.
Claro que luego queda aún el: “Cariño el chico tiene un novio”…
Solo una palabra: “Chapeau”
Tu postura de madre hará que la siguiente de tus hijas también confíe en ti cuando tenga novio.
Qué risa, qué bueno, qué gráfico. Y qué poquito me queda…
Ayyyy Garduña guapa, qué arte tienes.
Efectivamente las madres de niños seremos muuucho peores cuando nuestro niño querido traiga una lagarta a casa, jajaja. Es algo de complejos de nosequé que se estudia en psicologia. Pasa de hijos a padres, hasta que empieza a pasar de padres a hijos. 🙂
Felicidades hermana.
Una vez superada la impresión que supone ver un texto sobre mis experiencias maternales y que además haya gente a la que le guste leerlo, quiero daros a todos las gracias por vuestros comentarios.
Me doy por contenta si os habéis divertido al leerlo, porque de eso se trata y si encima os acordáis de él cuando os llegue el momento, sería la bomba!!!
Muchísimas gracias a todos!!!!
Qué buen post! Lo que me he reido! Y alguna lagrimilla de pena he soltado…. Ains, se hacen mayores, con lo monas e inocentes que son de pequeñitas, pero es ley de vida.
Con tu permiso, lo comparto, que se que más de una amiga se va a ver reflejada!
Muchas gracias Mónica. Claro que puedes compartirlo. No necesitas permiso, faltaría más.
Me alegro de que haya servido para que te rieras un ratito.